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Todos los Santos: Soy Gay y Soy Mormón

Uno de los momentos más importantes en la vida de un hombre LDS puede ser a los 19 años, momento en el cual se espera hagan su misión. Durante la misión, chicos LDS dedican dos años de su vida fuera de casa a predicar el evangelio y la doctrina de la Iglesia Mormona. Eduardo, Damián y Cliff, nos cuentan sus experiencias.


Chicos Misioneros

Eduardo se dio cuenta de que se sentía atraído a otros hombres cuando era un adolescente en Perú, de donde es originario. A los 19 años recibió el llamamiento a servir su misión, y lo vio como una oportunidad para cambiar, “pensé [que] eso me iba a ayudar a mantener una vida straight… fue un momento bastante especial porque pude servir, pero no fue tampoco espectacular, no me ayudó a desistir de lo que hoy siento. Hay personas que te amaron tanto”,  nos dice Eduardo de su misión, “y te llena de gozo saber que puedes inspirar tanto amor en los demás. Tuve la experiencia de bautizar como a 100 personas”.


Damián es argentino y sirvió en la misión Salta, una de las diferentes zonas en ese país para predicar el evangelio, “Fueron los mejores dos años de mi vida, algo inolvidable por todas las experiencias que pasé, la gente que pude conocer. Si lo tuviera que hacer otra vez lo haría, me ayudó a mejorar mucho como persona. Me encantó vivir fuera de mi hogar por primera vez por dos años, convivir con personas de otras nacionalidades y con otras costumbres.”


Cliff, quien también es peruano, decidió no ir, “Soy gay, me di cuenta como a los 15 o 16 años… y soy miembro de la Iglesia desde que tengo 12 años y desde todo ese tiempo que me convertí seguí los principios: no tomar té, café, muchas cosas. Mandé mis papeles para la misión, oraba mucho, hablaba con Dios. Era raro, tenía un sentimiento que no me dejaba estar en paz, decía ‘si voy yo sé que voy a ser un mal chico’, al final me di cuenta y me dije, ‘ok, creo esto no es para mí,’ sabía a lo que podía llegar y no quería ser excomulgado de la Iglesia.”


Después de su misión, Damián trabajó para la Iglesia como entrenador de misioneros en Argentina. Hoy nos cuenta de un momento que marcó su vida durante su misión, “Mi compañero y yo estábamos en la provincia de Tucumán, en un pueblito y fuimos a visitar a una familia a la que le estábamos enseñando, tomamos un bus al campo, y tuvimos que caminar entre 30 y 35 minutos por medio del campo. Para llegar a la casa de las personas había que cruzar una laguna que se formó con la lluvia, tenía restos de excremento de caballo, de vaca, bichos muertos, era espantoso, los mosquitos nos seguían… era impresionante, nos llegaba el agua a la cintura, pero al llegar a la casa de las personas  muy humildes y estarles enseñando el evangelio rodeados de cerdos y gallinas bajo un árbol porque no tenían luz y ver el amor que nos mostraron… jamás en la vida lo podría olvidar”.

Les pregunto si fue difícil luchar contra la atracción hacia sus compañeros u otros misioneros, “Cada compañero era una historia diferente, te preparabas como si fuera un matrimonio, convivías con una persona diferente, y aprendías el estilo de vida de una persona. Ahora que salgo con mis parejas puedo relacionar cierta pareja con cierto compañero de misión, entonces ya sé cómo actuar. Sé como convencerlo de hacer algo… no hablo del sentido sexual, ja ja.” dice Eduardo, “traté de concertarme lo más que pude en servirle al Señor  y ser respetuoso, pensé que algunos de mis compañeros eran cute, nunca me enamoré, yo creo que el respeto era más fuerte… sí me sentía atraído por algunos misioneros, pero no mis compañeros, sino algunos que estaban en una zona diferente.”

Damián, por otro lado, tuvo una experiencia algo diferente, “después de la misión tuve  la suerte y el placer de ver a dos de mis excompañeros de misión que son gays y besar a uno de ellos, entonces estuvo bueno… eso también fue buena experiencia, una experiencia espiritual  más cercana”, comenta Damián y se ríen los tres chicos. Damián tuvo 13 compañeros durante los dos años de su misión, “no por todos sentí atracción, pero por la gran mayoría, especialmente porque las reglas son dormir en la misma habitación, no podemos estar separados en la casa, uno tiene que ver lo que está haciendo el otro, el único momento en el que uno está lejos de su compañero es cuando está en el baño. Tenemos momentos para estudiar juntos, comer juntos… el objetivo es mantener el espíritu vivo dentro de esa casa, aunque a veces es difícil por el carácter del otro, pero son cosas que se pueden controlar. Es difícil ver a tu compañero caminar en sus ropas interiores. Para mí fueron dos años de lucha muy fuerte, y creo que para toda persona que ha hecho misión y es gay es una lucha. Antes de acostarse se hace una oración, y la costumbre es después darle un abrazo, sentir el cuerpo de tu compañero era muy fuerte, más cuando sentías que era muy lindo y estaba bien formado, era terrible.”



Proposición 8
En el 2008, California votó para cambiar la constitución y definir el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, después de que el matrimonio entre personas del mismo sexo ya había sido aprobado. Durante los meses antes de las votaciones, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días unió fuerzas con la Iglesia Católica, y otras denominaciones y grupos para apoyar la Proposición 8, con dinero y tiempo.



“Por supuesto no me gustó para nada la actitud de la Iglesia, se me hizo como una falta de respeto hacia la expresión de la gente gay,” nos dice Damián, “me indignó mucho, mucho, no podía creerlo.” Eduardo piensa que, “una cosa es no estar de acuerdo y otra cosa es involucrarme para que no se lleve a cabo, luchar contra eso… en el momento si me sentí indignado porque finalmente ellos [la Iglesia] hablan de libre albedrío, entonces ¿Qué tipo de libre albedrío están dejando a la gente que tenga?”



Cuando la Proposición 8 pasó en California, el templo se vio rodeado con más de 3,000 personas indignadas en protesta. Durante los meses siguientes y a través de los años, otras manifestaciones y eventos tuvieron lugar, incluso la creación de Mormons Building Bridges (Mormones Construyendo Puentes), la cual desfiló en el desfile de Pride del 2012. Esta organización no está afiliada a la Iglesia, pero sí formada por sus miembros, y está dedicada a transmitir amor y aceptación a personas LGBT. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha cambiado su tono un poco, pero no su posición. En diciembre del 2012, la Iglesia publicó www.mormonsandgays.org, una página de Internet que hace el llamado a sus miembros a tratar con respeto y dignidad a la comunidad gay, pero reafirmando su posición sobre la homosexualidad: ser gay no es pecado, vivir “una vida gay” sí.


“La vida es dura para cada uno y no creo que merezcamos un maltrato simplemente por el echo de sentir diferente a los demás,” dice Eduardo.

La Revelación
Les pregunto si creen que la Iglesia LDS cambiará su posición, Cliff  responde, “No creo, bueno, no sé si me equivoco, la Iglesia tiene principios a seguir, creo que es igual que los católicos… salvo que haya un milagro.” Damián piensa igual, “jamás me ha pasado por la cabeza que ellos puedan aceptar a la gente gay.” Eduardo, aunque también lo duda, se muestra algo abierto al milagro del que Cliff habla, “la Iglesia de Jesucristo es de revelación y se cree que en algún momento podría haber una revelación acera de esto y podría haber un cambio de opinión… yo no estoy esperanzado en que en algún momento lo acepten porque como ellos dicen es difícil, tendría que pasar algún milagro.”

No sería la primera vez que la Iglesia cambiaría su posición sobre minorías a través de revelación. En el año 1978, los líderes de la Iglesia recibieron la revelación de que hombres afro-americanos ya podían ejercer el sacerdocio, lo cual no estaba permitido desde la presidencia de Brigham Young.



Pero mientras cambia o no la iglesia, les pido a los chicos si tienen un consejo para personas que se encuentran en situaciones similares, “Ámate a ti mismo para que los demás te amen, si tú aceptas quien realmente eres no vas a tener problemas con los demás, es lo que me pasó a mi,” dice Cliff. Eduardo dice “Solamente les diría que se dejen guiar por lo que realmente siente su corazón, que se abran… pueden tener una vida completamente formal.”

Damián aconseja que “vivan lo que realmente son, vivan sin miedo, sin temor a decir de la religión que son y que valoren en lo que creen , que cuiden lo que creen, lo que algún día aprendieron lo guarden, lo pongan en práctica siendo buenas personas y ayudando a la gente, a la sociedad.”



El reconciliar nuestras creencias religiosas con nuestra sexualidad puede ser un proceso espiritual largo y doloroso, pero también hermoso. El amarte a ti mismo, a tu comunidad, a tu pareja, puede ser un gran paso espiritual, recuerda lo que dice la Biblia: el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor (1 Juan 4:8).

Eduardo dice, “Cuando muera y esté frente a Dios, así como él nos va a pedir explicaciones por algunas cosas que hemos hecho, yo también quisiera hacerle algunas preguntas… algunos dicen que esto no es de Dios, que es pecado, pero cuando estoy con una persona esos sentimientos tan tiernos y ese amor no creo que provengan del lado oscuro… cuando tu amas a alguien es un sentimiento tan puro y tan lindo que definitivamente tu llegas al punto de decir eso no puede venir del diablo, sino de Dios.”

GALERIA

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POR ALEX MOYA  //  FOTOGRAFIA POR BALAM YAPUR

Salt Lake City, UT. Junio 2013

Gente

“El amar a alguien es algo bueno, algo que para mi viene de Dios. Yo en este momento sé que la persona que está a mi lado la puso Dios en mi camino, de eso no tengo ninguna duda… lo nuestro viene de algo bueno y eso algo bueno es Dios aunque algunos digan que es un pecado.” nos dice Damián, sentado en la mesa de un café en compañía de Eduardo y Cliff; los tres chicos son gays y miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y aunque no se consideran miembros activos por las posiciones que la Iglesia ha tomado sobre la homosexualidad, viven vidas con fe y devoción, impregnados de una espiritualidad fuerte que ha sobrevivido el rechazo de su Iglesia.

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